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Valdizarbe y el euskara en el siglo XVII

RICARDO URRIZOLA HUALDE

La utilización del euskera como medio de comunicación entre miembros de familias bien acomodadas parece no ser algo irreal.

Una detallada lectura del proceso n° 179129 guardado en el Archivo Ge­neral de Navarra nos da cuenta de cómo era la situación del euskera en Val­dizarbe a mediados del siglo XVII.

En este proceso judicial, comenzado en 1656, salen a relucir asuntos mo­netarios entre miembros de la familia Eguiarreta. Según los datos hallados en este pleito, fue en el año 1624 cuando los hermanos Martín y Tomás de Eguiarreta recibieron la llamada del arzobispo de Zaragoza, fray Juan Martí­nez de Peralta, para que acudiesen a trabajar junto a él. Estos dos hermanos, hijos de Pedro de Eguiarreta, familiar del Santo Oficio de la Inquisición, eran nacidos en Adiós y desde pequeños fueron iniciados en el arte de las letras, llegando Tomás a ejercer como escribano real y Martín como sacerdote. Es de suponer que la buena fama que en Navarra consiguieron estos hermanos hi­zo que fuesen llamados por el arzobispo de Zaragoza. Sea como fuere, a co­mienzos de 1624 partieron desde Navarra hacia Zaragoza un grupo com­puesto por Martín de Eguiarreta, Tomás de Eguiarreta y su mujer Juana de Cía, y uno o dos criados naturales de Valdizarbe. Durante la estancia en Za­ragoza, que duró hasta la muerte del arzobispo acontecida en 1629, Tomás de Eguiarreta ...fue alcaide de la cárcel del arzobispado (de Zaragoza)... y, según declararon algunos testigos, ...ganó y pudo ganar muchísimos intereses por ser el oficio de mucha utilidad y ganancias...

Martín de Eguiarreta, por su parte, ejerció como ...visitador, capellán y li­mosnero... del arzobispado de Zaragoza y, tomando las declaraciones de los que fueron sus criados, ...en la dicha ciudad se hacía mucha estimación de su persona y tenía muchos amigos que demás del gasto ordinario se le ofrecían otros gastos y obligaciones en que le era forzoso corresponder con ellas...

Junto a ellos y además de los criados estaba la mujer de Tomás, Juana de Cía, hermana de otro escribano real, encargada de cobrar y administrar el sueldo que a los dos hermanos les llegaba del arzobispado aragonés.

RICARDO URRIZOLA HUALDE

Los años en Zaragoza los pasaron en buena armonía viviendo siempre al nivel que los cargos ejercidos exigían, respaldados por una eficaz administra­ción del dinero ganado ejercida por Juana de Cía.

En 1629, cinco años después de haber llegado a Zaragoza, el arzobispo murió y el trabajo de los Eguiarreta ya no fue solicitado por el siguiente arzo­bispo, con lo que tuvieron que regresar a Navarra, estableciendo su residencia en Adiós, de donde, como ya hemos visto anteriormente, eran oriundos.

Los años siguientes fueron tiempos de buena situación económica para la familia Eguiarreta apoyados en lo conseguido sirviendo al arzobispo. En 1646 murió Tomás sin dejar descendencia, pasando su mujer a ser titular de todos sus bienes. Años más tarde, en 1654, muere Juana de Cía y es a partir de aquí cuando empiezan las diferencias entre Tomás de Eguiarreta y Martín de Cía, escribano real y hermano de Juana, pues parece que Martín de Cía se hizo con todos los bienes de su hermana, los cuales eran reclamados por Tomás como pago de ciertas deudas que venían de los años que estuvieron en Zara­goza en servicio del arzobispo.

Es en el juicio y tratándose sobre el testamento de Juana de Cía cuando salen a relucir algunos datos dignos de mención.

Por declaraciones de los testigos se deduce que al morir Tomás de Eguia­rreta en 1646 su mujer, Juana de Cía, quiso abandonar Adiós para ir a vivir junto a su familia a Puente la Reina. Ya estaba todo programado para el via­je cuando apareció en escena Martín de Eguiarreta. Lo que allí ocurrió lo re­lata el abogado de Martín de Cía: ...le preguntó el dicho don Martín a la di­cha Juana de Cía y propuso en lengua bascongada: Joana, badaquizu nola zorr­nayzun Zaragozaco arzobispoaren erraciotatic anis diru eta joan baño lenago Garessa eguinzadazu claredade bat; a lo cual le respondió ella en la misma len­goa: suc bay niri zor anis diru eta doblorac ere bay; en la bulgar y castellana quie­re decir: Juana, bien sabéis que me debéis del tiempo que estubimos en Zaragoza muchas cantidades y así será mexor que me agáis una claredad; y lo que ella le respondió fue decir: si por cierto, de donde le había de deber yo. Él sí a mí mu­chos dineros y los doblones; y dijo otras razones asegurando siempre que le debía a ella el dicho don Martín de Eguiarreta y no ella a él...

Martín reclamaba el dinero que Juana había cobrado en Zaragoza y Jua­na por su parte afirmaba que para ella no había sacado nada sino solo para beneficio y gasto de los hermanos.

Un cura de Adiós, Martín de Zugarrondo, también declaró en el juicio aportando lo que él oyó cuando se redactó el testamento de Juana de Cía. Se­gún este cura, Juana de Cía dijo, ...en su bascuence: bay Jaincoaqh naibadu ni nondiq orratu etta nondic janbearzute (que en castellano quiere decir: si, si Dios quiere yo de donde ahorrar y de donde habían de comer). Y con esto se prosiguió el dicho testamento...

Sin duda Juana se refería a la ligereza en el gasto de los hermanos Eguia­rreta, haciendo hincapié en que si ella no fuese la administradora de las pa­gas que recibían no hubiese quedado nada del dinero después de la estancia en Zaragoza.

Más testigos fueron pasando por delante de juez para aportar datos de in­terés.

Entre ellos declaró Graciosa de Vera, natural de Úcar, que a la edad de 12 años fue llevada en compañía de los Eguiarreta a Zaragoza como criada por

 

VALDIZARBE Y EL EUSKARA EN EL SIGLO XVII

tiempo de un año. Delante del juez y ya con 34 años de edad, Graciosa rela­tó sus vivencias en Zaragoza. Acabado su testimonio el escribano que recogía sus palabras dejó escrito: ...y dádola a entender en su lengua bascongada en él se afirmó, ratificó y no firmó...

Esta misma coletilla añadió cuando prestaron declaración otros testigos como Juana Martínez de Marquina, también criada de los Eguiarreta en Za­ragoza durante tres años, Catalina de Echagüe, Juan de Adiós, Martín de Az­cárate, Pedro de Subiza, Isabel de Sola, Antón de Grez y Catalina de Mar-quina; todos ellos vecinos y habitantes en Adiós.

También la añadió cuando testificaron Juana de Subiza, Juan de Irisarri, Martín de Loza, Carlos Martínez de Allo y Pedro de Ciriza, vecinos y habi­tantes de Legarda.

Un último testigo, Juan de Andía, habitante de Puente la Reina, ratificó lo dicho por el abogado de Martín de Cía: ...y le dijo en palabras bascongadas [...] que fueron las siguientes: Juana, badaquizu nola zornaizun Zaragozaco ar­zobispoaren erraciotatic anis diru eta juan baño lenago Garesa eguinzazu clare­dade bat; a lo cual le respondió ella en la misma lengua: cucbay niri zor anis di­ru; que en lengua bulgar y castellano quiere decir: Juana, bien sabeis que me de­béis del tiempo que estuvimos en Zaragoza muchas cantidades y así será mejor que me hagas una claredad; y lo que ella le respondió: si por cierto de donde le había de deber yo, él sí a mí muchos dineros. Y en cuanto los doblones que narra la pregunta no oyó razonar sobre ellos en la dicha ocasión...

Al testimonio de este testigo, acompañante de Juana el día que tenía pen­sado dejar Adiós y partir hacia Puente la Reina, también se le puso la referi­da frase final: ...dádole a entender en su lengua bascongada en él se afirmó, ra­tificó y no firmó...

PREFERENCIAS EN LA IGLESIA DE LEGARDA

Más datos referentes a la lengua utilizada en Valdizarbe por estas fechas se pueden obtener de otros dos procesos, esta vez guardados en el archivo del Palacio Arzobispal de Iruñea (C-533; n° 33 y C-755; n° 8).

Una hermana de Martín y Tomás de Eguiarreta casó con el dueño del pa­lacio de Legarda en 1598. María de Eguiarreta, que así se llamaba, abandonó Adiós para residir junto a su marido y palaciano Pascual Pérez de Peña en el dicho palacio de Legarda. En 1612 su marido Pascual se puso muy enfermo y, desahuciado por los médicos, María de Eguiarreta preparó los actos fune­rarios para un entierro de esta categoría. La importancia de estos jauntxos es­taba presente en la vida cotidiana de los pueblos y hasta en las fechas de los entierros había que marcar las diferencias con el resto de la gente. María de Eguiarreta solicitó al vicario general de Pamplona, ...según la calidad de su persona, quería se enterrase dentro del cuerpo de la iglesia del dicho lugar (Le­garda) por no haber [...] ninguno que le lleve ventaja; suplica a vm le haga mer­ced concederle licencia para que en el sitio y lugar que escogiere la suplicante se pueda enterrar el dicho su marido...

La petición de María fue aceptada y se hizo saber a todo el pueblo: ...en la parroquial del lugar de Legarda, martes, a doce del mes de junio de 1612 yo, don Juan de Urquizu, vicario del dicho lugar, leí y publiqué la retroescrita pro­visión y licencia de sepultura proveída por el señor don Juan de Zalba, enferme­
 
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